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El riesgo invisible de una catástrofe: Una instalación eléctrica que “se ve bien” puede no ser segura
- Contar con instalaciones adecuadamente diseñadas, materiales certificados y mantenciones periódicas puede marcar una diferencia tanto para reducir riesgos durante una emergencia como para acelerar la recuperación posterior.
Terremotos, incendios forestales, inundaciones y aluviones forman parte de los riesgos a los que está expuesto nuestro país. Frente a escenarios tan complejos, es fácil que aspectos relevantes como la seguridad de las instalaciones eléctricas queden muchas veces en un segundo plano, hasta que ocurre una emergencia.
Una infraestructura eléctrica preparada permite mantener la continuidad de servicios esenciales y también puede ayudar a evitar que una emergencia termine provocando nuevos accidentes, como incendios por cortocircuitos, electrocuciones o daños en instalaciones que podrían haberse prevenido. “La instalación eléctrica debe ser parte de la preparación frente a una potencial catástrofe. Una red correctamente diseñada, con materiales adecuados y mantenida en el tiempo, tiene mayores posibilidades de responder de buena manera frente a situaciones extremas”, señala Luis Clavería, jefe de Control de Calidad de COVISA, empresa nacional especializada en la fabricación de conductores eléctricos.
PREVENIR ANTES DE QUE OCURRA LA EMERGENCIA
La prevención comienza mucho antes de que se produzca un terremoto, un incendio o una inundación. El reglamento eléctrico chileno incorpora instrucciones de instalación específicamente para ayudar a enfrentar emergencias. Revisar periódicamente las instalaciones permite detectar cables deteriorados, conexiones deficientes, sobrecargas u otros puntos vulnerables que, bajo condiciones normales, ya representan un riesgo y que pueden agravarse durante un siniestro. También es importante utilizar cables y conductores que respondan a las características de cada instalación, no todas las infraestructuras tienen las mismas necesidades eléctricas ni están expuestas a las mismas condiciones ambientales, por lo que la selección de materiales debe considerar factores como el tipo de construcción, las condiciones de operación y el nivel de exposición.

“Los materiales no son un detalle. Elegir correctamente un conductor, de acuerdo con las exigencias de la instalación, es parte de la prevención. La calidad y las características del cableado pueden contribuir a disminuir riesgos y a que la infraestructura tenga un mejor comportamiento en el tiempo”, agrega el representante de COVISA.
Incorporar la seguridad eléctrica dentro de los planes de gestión de riesgos permite pasar de una lógica reactiva a una preventiva en la que es indispensable identificar vulnerabilidades, realizar mantenciones y contar con instalaciones preparadas antes de que llegue una situación crítica.
DESPUÉS DE LA CATÁSTROFE: NO BASTA CON MIRAR
El trabajo tampoco termina cuando pasa la emergencia, una de las principales recomendaciones es no asumir que una instalación está en condiciones de volver a operar sólo porque visualmente parece intacta. Por ejemplo, el agua puede afectar conductores, conexiones y tableros; las altas temperaturas o el fuego puede deteriorar el aislamiento de los cables; mientras que un terremoto puede provocar desplazamientos o daños que no necesariamente son visibles a simple vista. Incluso la caída de elementos sobre una instalación puede generar problemas que aparezcan recién al momento de energizarla.
Por eso, antes de restablecer el suministro eléctrico en una infraestructura afectada, es necesario realizar una evaluación técnica que permita determinar qué componentes pueden seguir utilizándose y cuáles deben ser reemplazados. “Después de un evento importante, la recomendación es revisar; una instalación eléctrica puede verse bien por fuera y haber sufrido daños que comprometan su funcionamiento. La seguridad de las personas debe estar por encima de la urgencia de recuperar el suministro”, explica el experto.
Esto también implica evitar soluciones provisorias que terminen convirtiéndose en permanentes. Si un componente sufrió daños, debe evaluarse técnicamente su reemplazo y no asumir que una reparación momentánea será suficiente para garantizar la seguridad de la instalación.
La recuperación de un hogar, de una comunidad o de una empresa después de una catástrofe depende, en buena medida, de qué tan preparada estaba su infraestructura antes del evento y la seguridad eléctrica debe entenderse como parte de esa mirada. “Una infraestructura resiliente no es solamente aquella que logra mantenerse en pie, también es la que puede recuperar sus servicios de manera segura después de una emergencia. Por eso, la prevención, la mantención y la revisión posterior deben entenderse como partes de un mismo proceso”, concluye el representante de COVISA. Conozca más en www.covisa.cl




