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De la basura al muro: los ladrillos de ropa de Clarisse Merlet que inspiran a Europa y abren una puerta para Atacama
- La arquitecta francesa fundó FabBRICK, una empresa que convierte camisetas desechadas en ladrillos para decoración, mobiliario y tabiques. Mientras su modelo gana terreno en Europa, en el norte de Chile miles de toneladas de ropa se acumulan en el desierto a la espera de una solución.

Tres camisetas viejas, un aglutinante ecológico y una prensa manual. Esa es la receta con la que la arquitecta y emprendedora francesa Clarisse Merlet está desafiando a una de las industrias más contaminantes del planeta. Desde su taller en París, su empresa FabBRICK® transforma ropa que ya nadie puede vender ni usar en ladrillos resistentes al fuego y a la humedad, capaces de aislar del calor, del frío y del ruido. La iniciativa, que comenzó como una investigación sobre nuevos materiales de construcción, se ha convertido en un referente europeo de economía circular. Y su lógica plantea una pregunta inevitable a miles de kilómetros de distancia: ¿podría una idea así ayudar a desactivar la bomba textil que se acumula en el desierto de Atacama?
UN PROBLEMA DEL TAMAÑO DE UNA INDUSTRIA
La industria textil no solo contamina por su modelo de producción, sino también por el modelo de consumo que la sostiene. En todo el mundo se generan más de 90 millones de toneladas de residuos textiles al año, y se estima que el 20% de toda la producción de desechos proviene de la industria textil y de la moda. Solo en Europa se desechan aproximadamente 4 millones de toneladas de textiles cada año.
Se trata, además, de un residuo especialmente difícil de tratar: la diversidad de prendas, la mezcla de materiales y la escasa salida comercial del material reciclado complican cualquier intento de gestión. Buena parte de la ropa está fabricada con fibras sintéticas no biodegradables, como el poliéster y el nylon, y cuando termina en un vertedero puede tardar hasta 200 años en descomponerse, dependiendo de su composición.
CLARISSE MERLET: DE LA ARQUITECTURA A LA ECONOMÍA CIRCULAR

Ante un gran problema, una solución creativa. Eso pensó Merlet mientras investigaba nuevos materiales de construcción. Su idea fue tan simple como audaz: fabricar ladrillos a partir de textiles reciclados unidos con un pegamento ecológico, como una forma de reducir la contaminación generada por la moda. Así nació FabBRICK, cuyo objetivo es transformar residuos textiles en materiales para la construcción y el diseño.
En Francia, donde vive la arquitecta, existen contenedores en las calles para recoger ropa usada, en buen o mal estado, destinada a reciclaje. FabBRICK recibe de una compañía recolectora los textiles ya triturados, provenientes de prendas tan deterioradas que no podían revenderse. Es decir, trabaja con el último eslabón de la cadena: aquello que, sin esta alternativa, terminaría directamente en un vertedero.
DEL CONTENEDOR AL MURO: CÓMO SE FABRICA UN FABBRICK

El proceso, desarrollado internamente y protegido por patentes en Francia y en Europa, combina investigación de materiales, innovación técnica y artesanía. Cada etapa se realiza en el taller parisino de la empresa, desde la preparación del material hasta los últimos retoques:
- Selección por color. Se escogen los textiles según el tono que tendrá el ladrillo, lo que evita el uso de tintes. El denim, por estar hecho 100% de algodón, es uno de los más utilizados, ya que ofrece el mejor aislamiento térmico y acústico.
- Pesaje. Se pesa la cantidad exacta de fibra para que todos los ladrillos tengan el mismo peso.
- Mezcla con aglutinante ecológico. Los textiles triturados se combinan con un pegamento de origen biológico y no contaminante, desarrollado y patentado por la propia empresa, que además hace que los ladrillos sean impermeables y resistentes al fuego.
- Compresión manual. La mezcla se prensa en una máquina inventada por la propia Merlet, que funciona de forma mecánica y manual, sin consumo eléctrico.
- Secado natural. Los ladrillos reposan durante dos semanas y luego quedan listos para su uso.
El resultado es un proceso sin químicos ni tintes, que requiere muy poca agua y energía. La equivalencia que resume el proyecto es elocuente: tres camisetas equivalen a un ladrillo.
EL IMPACTO EN EUROPA: DE LA CURIOSIDAD AL TALLER DE PRODUCCIÓN
Lo que partió como un experimento ha crecido de forma sostenida. En una primera etapa, Merlet había fabricado unos 17.000 ladrillos, equivalentes a 8 toneladas de textiles reciclados. Hoy, la empresa supera los 40.000 ladrillos producidos, con lo que ha dado salida a más de 12 toneladas de residuos textiles. Cada año, FabBRICK amplía su capacidad de producción para responder a una demanda creciente y reinvierte todos sus recursos en investigación y desarrollo.
Por ahora, los ladrillos se emplean en decoración, tabiques divisorios y mobiliario. Sin embargo, la arquitecta continúa investigando para que FabBRICK llegue a ser un verdadero material estructural, capaz de soportar la estructura interna de casas y edificios. Su enfoque, que combina un laboratorio de investigación con un taller creativo, apuesta por una fabricación local donde convergen innovación y diseño. «Para nosotros, la industrialización es un medio, no un fin en sí misma: nos permite transformar más textiles sin dejar de ser fieles a nuestros valores de fabricación local y responsable», señala la empresa.
El gran reto es la escala. Frente a los millones de toneladas que se desechan en Europa, la producción de FabBRICK es todavía pequeña. Pero su valor va más allá de las cifras: el proyecto funciona como una herramienta de concienciación. Como han señalado observadores de la iniciativa, el objetivo final no es fabricar millones de ladrillos, sino que algún día no queden textiles para hacerlos, porque eso significará que se aprendió a producir y consumir mejor.
ATACAMA: EL CEMENTERIO TEXTIL MÁS GRANDE DEL MUNDO
Mientras en París se prensan camisetas, en el norte de Chile la ropa se amontona a cielo abierto. En las afueras de la comuna de Alto Hospicio, cerca de Iquique, en la Región de Tarapacá, se extienden los vertederos de ropa del desierto de Atacama, considerados el cementerio textil más grande del mundo y una de las consecuencias más visibles de la crisis global de la moda rápida o fast fashion.
La ropa llega a través del puerto y la Zona Franca de Iquique (ZOFRI), por donde ingresan cada año entre 59.000 y más de 60.000 toneladas de prendas usadas o sin vender, procedentes de Estados Unidos, Europa, Canadá y Asia. La mercancía se clasifica en fardos, y las categorías de menor calidad, o las que no logran venderse en el mercado local o latinoamericano, terminan abandonadas ilegalmente en el desierto.
Las consecuencias son profundas. Los botaderos cubren cientos de hectáreas con montañas de ropa de hasta seis metros de altura. Gran parte de ese material corresponde a fibras sintéticas como el poliéster, que tardan más de 200 años en degradarse y liberan microplásticos al suelo y al aire. A ello se suman los incendios provocados con frecuencia para reducir el volumen de los vertederos ilegales: fuegos que pueden durar varios días, emiten gases tóxicos y afectan la salud respiratoria de los habitantes de Alto Hospicio e Iquique.
UN ESTADO BAJO LA LUPA DE LA JUSTICIA AMBIENTAL
El problema ya no es solo ambiental: también es institucional. El Primer Tribunal Ambiental de Antofagasta dictó una sentencia que responsabiliza al Estado de Chile por el daño ambiental acumulado, debido a la omisión en la fiscalización y el control de estos basurales ilegales. El fallo ordenó un plan de reparación que, sin embargo, ha enfrentado retrasos y prórrogas por parte de los organismos públicos. Para las autoridades encargadas de supervisar el impacto ambiental, el desafío es doble: detener el ingreso y abandono de nuevos residuos y, al mismo tiempo, encontrar un destino útil para las toneladas que ya están en el desierto.
LA LEY REP: UNA VENTANA REGULATORIA
El escenario normativo comienza a cambiar. Los textiles fueron declarados oficialmente el séptimo producto prioritario de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (Ley REP, N° 20.920), mediante la Resolución Exenta N° 3914/2025 del Ministerio del Medio Ambiente. Desde entonces, las empresas importadoras, fabricantes y comercializadoras de textiles deben inscribirse en el Registro de Emisiones y Transferencias de Contaminantes (RETC) y declarar el volumen de productos que introducen al mercado.
En 2026 se inició formalmente el proceso para fijar las metas obligatorias de recolección y valorización (Resolución N° 1064/2026), a través de un comité público-privado y de consultas técnicas. Los porcentajes exactos de reciclaje y los plazos definitivos para que operen los sistemas de gestión textil aún se encuentran en etapa de anteproyecto y discusión regulatoria. Cuando la norma entre en plena vigencia, al igual que ocurre con neumáticos o envases, las marcas deberán financiar y organizar la recolección, reutilización y reciclaje de las prendas al final de su vida útil. Esa obligación podría generar justamente lo que una iniciativa como FabBRICK necesita para crecer: un flujo estable de material y una demanda financiada de soluciones de valorización.
¿LADRILLOS DE ROPA EN EL NORTE DE CHILE?
La experiencia de Merlet ofrece varias claves que podrían adaptarse a la realidad chilena. Su modelo trabaja precisamente con la ropa que ya no tiene valor de reventa, la misma categoría que hoy termina abandonada en Alto Hospicio. Además, su tecnología es de baja complejidad: prensas manuales que no consumen electricidad, secado natural y un aglutinante sin químicos contaminantes. En una zona como Tarapacá, con abundante radiación solar y clima seco, el secado al aire libre podría resultar incluso más eficiente.
Las propiedades del material también son pertinentes para el territorio. Un ladrillo que aísla del calor, del frío y del ruido podría tener aplicaciones en una región con fuertes contrastes térmicos entre el día y la noche, ya sea en tabiques, mobiliario urbano o elementos de equipamiento para escuelas, sedes comunitarias o viviendas sociales. Producir esos componentes en la propia región, como defiende FabBRICK con su apuesta por la fabricación local, permitiría además generar empleo en las comunas más afectadas por los botaderos.
Chile no parte de cero. Emprendimientos como EcoFibra y Ecocitex ya reciclan parte del material textil para transformarlo en paneles aislantes para viviendas o en nuevo hilo, aunque su capacidad representa un porcentaje mínimo frente al total de residuos. Un modelo inspirado en FabBRICK podría complementar estas iniciativas y ampliar el abanico de productos que se pueden obtener de la ropa desechada.
LOS DESAFÍOS DE REPLICAR EL MODELO
- Escala: las más de 12 toneladas que ha valorizado FabBRICK en total contrastan con las decenas de miles de toneladas que ingresan cada año solo por Iquique. Cualquier réplica necesitaría multiplicar su capacidad varias veces.
- Propiedad intelectual: el proceso y el aglutinante de FabBRICK están patentados en Francia y en Europa, por lo que su aplicación en Chile requeriría alianzas, licencias o el desarrollo de tecnologías propias.
- Uso estructural: los ladrillos aún no están validados como material estructural, por lo que su uso se limitaría por ahora a tabiques, revestimientos y mobiliario, y debería cumplir con las normas de construcción nacionales.
- Logística y calidad del material: la ropa acumulada en el desierto está expuesta al sol, al polvo y a incendios, lo que podría exigir procesos de limpieza y clasificación antes de reutilizarla, por lo menos en su etapa inicial.
- Prevención: reciclar no basta si sigue llegando ropa al desierto. La fiscalización, la Ley REP y el cambio en los hábitos de consumo son condiciones indispensables.
DEL DESIERTO A LA CONCIENCIA
La historia de Clarisse Merlet demuestra que la ropa que nadie quiere puede convertirse en un recurso. Su impacto en Europa no se mide solo en ladrillos, sino en la forma en que ha cambiado la conversación sobre los residuos textiles: lo que antes era basura ahora es materia prima.
En Chile, donde el desierto más árido del mundo carga con el peso del consumo global, esa idea podría ser una pieza más del puzle, junto con la fiscalización, la Ley REP y los emprendimientos locales. Porque, como recuerda el propio espíritu de FabBRICK, el verdadero éxito no será fabricar millones de ladrillos con ropa desechada, sino llegar al día en que ya no haya ropa en el desierto para construirlos. (Por Silvia Riquelme Aravena)




