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CGE 2026: el nuevo desafío para demostrar la implementación del Sistema de Gestión de la Energía

  • La publicación del listado de Consumidores con Capacidad de Gestión de Energía 2026 activa obligaciones, plazos y exigencias concretas para las organizaciones incluidas. El foco ya no está solo en declarar un sistema, sino en demostrar que funciona, que está conectado con la operación y que cuenta con evidencia suficiente para responder ante la autoridad.

La publicación del listado CCGE 2026 marcó un nuevo punto de partida para las empresas y organizaciones que, por su nivel de consumo energético, deben implementar y mantener uno o más Sistemas de Gestión de la Energía. La medida se enmarca en la Ley N.º 21.305 de Eficiencia Energética y en el reglamento que regula la gestión energética de los grandes consumidores.

De acuerdo con la información entregada, la Resolución Exenta N.º 53 del Ministerio de Energía, publicada el 7 de agosto de 2026, fijó el nuevo listado de organizaciones consideradas Consumidores con Capacidad de Gestión de Energía. Desde esa publicación comienzan a correr plazos relevantes: 20 días para presentar discrepancias cuando corresponda, 30 días para informar si se implementará un sistema certificado o no certificado, 40 días para designar al gestor energético y 12 meses para implementar el sistema aplicable.

DETALLES CLAVE DEL LISTADO 2026

  • Cantidad de organizaciones: Incorpora 56 nuevas empresas, superando las 300 organizaciones reguladas bajo la Ley N° 21.305 de Eficiencia Energética.
  • Sectores principales: Minería, transporte, industria y construcción.
  • Obligación principal: Implementar y mantener un Sistema de Gestión de Energía (SGE) certificado o no certificado en un plazo máximo de 12 meses desde la publicación

EL DESAFÍO: PROBAR QUE EL SGEN EXISTE EN LA OPERACIÓN

El cumplimiento no se agota en contar con documentos, procedimientos o registros aislados. Para las organizaciones incluidas en el listado, el Sistema de Gestión de la Energía —también conocido como SGEn— debe reflejar la forma en que la empresa consume, controla y mejora el uso de la energía en sus instalaciones, procesos y actividades principales.

En la práctica, esto implica responder preguntas clave: dónde se concentra el consumo, cuáles son los usos significativos de energía, qué variables influyen en el desempeño, cómo se definieron las líneas base e indicadores, y qué objetivos, responsables y planes de acción se encuentran vigentes. La evidencia debe ser trazable y coherente con lo que efectivamente ocurre en terreno.

EL ALCANCE MÍNIMO, UNA DECISIÓN CRÍTICA

Uno de los puntos centrales del proceso es la definición del alcance. El sistema, o el conjunto de sistemas implementados, debe abarcar al menos el 80% del consumo energético total de la empresa. Por ello, limitar el análisis solo a la electricidad puede resultar insuficiente cuando la organización también utiliza diésel, gas natural, biomasa, combustibles para transporte u otras fuentes relevantes.

Antes de diseñar el SGEn, las empresas deben revisar qué fuentes de energía serán consideradas, qué instalaciones y procesos quedarán dentro del sistema, cuál es la calidad de los datos disponibles y cómo se integrará la gestión energética con otros sistemas internos. La definición temprana de fronteras organizacionales y operacionales puede evitar brechas posteriores durante la comprobación o una eventual certificación.

IMPLEMENTAR NO ES LO MISMO QUE CERTIFICAR

La normativa permite optar por sistemas certificados o no certificados, según la realidad de cada organización. Un SGEn no certificado debe cumplir los requisitos reglamentarios y someterse a los mecanismos de comprobación que correspondan. En cambio, un sistema certificado bajo ISO 50001 incorpora la evaluación formal de un organismo independiente, lo que puede ser relevante para empresas con exigencias corporativas, comerciales o de clientes.

La certificación ISO 50001 no es obligatoria para todas las empresas incluidas como CCGE. Lo obligatorio es implementar y mantener un sistema que cumpla con los requisitos aplicables, sea capaz de demostrar avances y cuente con respaldo documental y operativo suficiente.

BRECHAS QUE PUEDEN DEBILITAR EL PROCESO

Entre los errores frecuentes destacan confundir proyectos de eficiencia energética con un sistema de gestión, dejar toda la responsabilidad en el gestor energético, diseñar el sistema con datos dispersos o poco confiables, copiar modelos de otras empresas y esperar hasta los últimos meses para documentar avances. En todos esos casos, el riesgo es llegar al plazo formal sin registros suficientes para demostrar la aplicación real del sistema.

Por ello, especialistas recomiendan evaluar el punto de partida de cada organización antes de definir una ruta de trabajo. Algunas empresas deberán implementar desde cero; otras podrán aprovechar mediciones, proyectos o sistemas ISO existentes; y aquellas que ya cuentan con un SGEn deberán fortalecerlo, actualizar indicadores, ejecutar auditorías internas o prepararse para procesos de comprobación.

BETTER APUNTA A UNA RUTA PROPORCIONAL PARA CADA ORGANIZACIÓN

En este escenario, la consultora Better plantea la necesidad de conectar el cumplimiento normativo con la operación diaria. Su enfoque considera diagnóstico de obligaciones y brechas, definición del alcance, revisión energética, construcción de líneas base e indicadores, planes de acción, controles operacionales, formación de equipos, auditorías internas y preparación para una eventual comprobación o certificación.

El llamado para las organizaciones incluidas en el CCGE 2026 es actuar con anticipación. Más que cumplir con una obligación administrativa, el desafío consiste en instalar una gestión energética verificable, integrada al negocio y capaz de sostener mejoras en el tiempo. En ese punto, la pregunta central deja de ser si la organización cuenta con un SGEn en el papel, y pasa a ser si puede demostrar que ese sistema está funcionando.

 

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