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La transición energética también se juega en el agua

  • Por Felipe Martin Cuadrado, Director Ejecutivo de MAS Recursos Naturales. //

Felipe Martin Cuadrado, Director Ejecutivo de MAS Recursos Naturales.

Chile ha dado pasos importantes para consolidar una matriz energética más limpia, competitiva y resiliente. La reciente Ruta Energética 2026-2030 reafirma ese camino al priorizar la descarbonización, el fortalecimiento de la infraestructura eléctrica, el desarrollo del hidrógeno verde, la electromovilidad y la atracción de nuevas inversiones. Es una señal positiva para un país que busca consolidarse como un actor relevante en la economía baja en carbono.

Sin embargo, existe una pregunta que comienza a ser tan importante como la propia generación de energía: ¿de dónde provendrá el agua que hará posible esa nueva economía?

Durante años, la seguridad energética estuvo asociada al suministro de combustibles, la capacidad de generación y las redes de transmisión. Hoy ese concepto adquiere una nueva dimensión. La disponibilidad de agua comienza a transformarse en un factor decisivo para la competitividad del país y para la viabilidad de los proyectos que liderarán la transición energética.

El desarrollo del hidrógeno verde, la expansión de la minería de minerales críticos, la electrificación industrial y otras actividades estratégicas compartirán una misma condición: requerirán fuentes de agua suficientes, resilientes y gestionadas de manera sostenible.

La discusión ya no puede limitarse a producir más energía renovable. También debe abordar cómo garantizar el abastecimiento hídrico que demandará esa transformación productiva. En un contexto de cambio climático, sequías prolongadas y creciente competencia por el recurso, la seguridad hídrica deja de ser solo una preocupación ambiental para convertirse en una política de desarrollo económico.

En este escenario, la desalación, la reutilización de aguas residuales tratadas, la recarga de acuíferos, la gestión integrada de cuencas y la planificación basada en datos hidrológicos adquieren un carácter estratégico. No son soluciones aisladas frente a la escasez, sino infraestructura habilitante para el crecimiento del país, del mismo modo que lo son las líneas de transmisión o los sistemas de almacenamiento energético.

La experiencia internacional demuestra que las economías que lideran las industrias bajas en carbono avanzan simultáneamente en políticas de energía y de agua. Ambas dimensiones son interdependientes. La primera requiere recursos hídricos para producir; la segunda necesita energía para captar, transportar, desalar, reutilizar y distribuir el agua de manera eficiente. Separarlas conduce a decisiones fragmentadas y a mayores costos económicos y sociales.

Chile posee condiciones excepcionales para convertirse en una potencia energética. Pero transformar ese potencial en desarrollo exige otorgar al agua la misma prioridad estratégica que hoy tiene la energía. La seguridad energética y la seguridad hídrica ya no son agendas paralelas. Son dos componentes de una misma estrategia nacional. Si Chile aspira a liderar la economía de las energías limpias, deberá asumir que la verdadera transición no será únicamente energética. También será, necesariamente, una transición hídrica.

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