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Sesgo metodológico en la capacitación: reactivación con flexibilidad

  • Por Rodrigo Correa, fundador Valora People. //

Rodrigo Correa, fundador Valora People.

La reciente entrega del informe de la Mesa de Reactivación Laboral en Chile ha evidenciado 22 medidas urgentes para enfrentar una crisis de empleabilidad que no da tregua. Sin embargo, al adentrarnos en las propuestas de capacitación —específicamente en la controvertida Propuesta 9 sobre la Franquicia Tributaria (FT) SENCE—, observamos con preocupación un diagnóstico que, bajo la rigidez de una mirada puramente académica, arriesga asfixiar el ecosistema formativo real en lugar de potenciarlo.

Nadie desconoce el diagnóstico base: los datos de competencias reflejan brechas estructurales profundas en nuestra fuerza laboral. Pero concluir de forma tajante que la Franquicia Tributaria no muestra efectividad, y pretender solucionarlo prohibiendo ciertas metodologías de aprendizaje, denota un análisis profundamente sesgado y desconectado de la práctica diaria de las organizaciones. El diseño de las políticas de capital humano no puede quedar atrapado en discusiones de comisiones herméticas o enfoques dogmáticos.

Quienes estamos día a día interviniendo en el tejido empresarial sabemos que la capacitación es un eje articulador de competencias vivo. Una reforma con sentido de realidad exige la participación    de los actores que dinamizan el sector: empresas, OTEC y OTIC. Dejar las soluciones exclusivamente en manos de la teoría técnica arriesga transformar una herramienta de desarrollo productivo en un botín ideológico.

El veto propuesto a los fondos fiscales para cursos asincrónicos o de autoinstrucción a distancia es un retroceso inexplicable en la era de la transformación digital y la Inteligencia Artificial. Restringir la transferencia de conocimiento por su formato es confundir el envase con el contenido. El formato virtual complementa, democratiza el acceso en regiones extremas, flexibiliza los tiempos de quienes trabajan en turnos complejos y concilia la vida laboral con la familiar. Limitar el financiamiento a un solo molde es ahogar la innovación pedagógica y dar la espalda a la diversidad cultural de las organizaciones.

Por otra parte, uno de los argumentos más reduccionistas del informe técnico radica en evaluar el impacto de los programas SENCE midiendo de forma lineal si un curso genera un aumento inmediato en el sueldo del trabajador. Esa es una lectura errónea de la economía laboral. El verdadero valor estratégico de la capacitación reside en blindar a las personas. Un profesional o técnico constantemente capacitado estará menos vulnerable desde la perspectiva del conocimiento, reduciendo significativamente su probabilidad de ser desvinculado ante procesos de automatización o reestructuración. El impacto real se traduce en empleabilidad: un trabajador actualizado se vuelve más competitivo, más ágil y expande sus oportunidades en el mercado. Medir la efectividad del sistema solo por la liquidación de sueldo del mes siguiente es no entender cómo se protege y proyecta el empleo en el siglo XXI.

El centro del debate no debe ser la fiscalización del canal a través del cual se entrega el aprendizaje, sino cómo construimos en conjunto —Estado, empresas y organismos técnicos— indicadores de seguimiento concretos y de impacto a largo plazo. Optimizar los recursos públicos es un imperativo.

Para enfrentar la crisis actual, necesitamos un sistema SENCE moderno y robusto que dé cabida a metodologías mixtas de aprendizaje y que ponga el foco donde verdaderamente importa: el valor agregado para el futuro del trabajador capacitado.

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