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Del Super Bowl a la economía: la influencia latina que ya estaba instalada en EE.UU
- Por Esteban J. Elías, socio y líder de la Práctica de Latinoamérica de Leech Tishman. //

El show de medio tiempo del Super Bowl 60° puso a Bad Bunny en el centro del escenario más visto de Estados Unidos. Esto no fue solo un gesto de moda, sino una confirmación: la influencia latina ya no es nueva en el país. Es parte del guión principal. Lo más relevante es que esa presencia no empezó en la música ni en el entretenimiento. Hace años viene ocurriendo con menos luces, en el ámbito empresarial.
Cuando la cultura se vuelve masiva, normalmente solo está haciendo visible un cambio que ya estaba en marcha. En negocios, esta transformación tiene cifras concretas: el número de empresas propiedad de latinos era 465.202 en 2022 y representó alrededor del 7,9% de todas las empresas estadounidenses, con un estimado de 653.500 millones de dólares en ingresos anuales. Además, el LDC U.S. Latino GDP Report 2025 estima que los latinos generaron US$1,6 billones de PIB en 2023. Esa escala ayuda a aterrizar la conversación: No hablamos solo de identidad, sino también de empleo, inversión, innovación y crecimiento real.
En mi experiencia trabajando con compañías e inversionistas de América Latina, lo que más aporta una empresa de nuestra región cuando llega a EE.UU. suele concentrarse en tres cosas. Primero, crea actividad económica local: contrata talento, activa proveedores y profesionaliza procesos. Segundo, aporta ambición y velocidad, pues muchas compañías latinas nacen acostumbradas a competir en entornos complejos y esa resiliencia se traduce en ejecución. Tercero, abre puentes naturales entre mercados, porque EE.UU. y Latinoamérica, para muchas industrias, son un mismo mapa comercial.
Sin embargo, el momento latino puede ser tan atractivo como engañoso. En el Super Bowl el show tiene una duración de 15 minutos, por el contrario, en los negocios, el éxito en Estados Unidos no es un momento, es un proceso. Después de años acompañando a empresas latinoamericanas en su llegada y expansión en EE.UU., he visto que las que realmente se consolidaron, fueron aquellas que hicieron las preguntas correctas desde el inicio. Las que definieron con claridad cómo querían operar: se limitarían a vender desde Latinoamérica o si, en cambio, construirán una presencia real con equipo local, contratos recurrentes, licencias, financiamiento o incluso adquisiciones.
También he aprendido que en Estados Unidos la disciplina no es opcional. El sistema no es necesariamente más complejo que en Latinoamérica, pero sí menos tolerante con la informalidad y mucho más exigente en documentación y trazabilidad. Además, las reglas cambian y los marcos regulatorios evolucionan constantemente, lo que obliga a mantenerse actualizado. En ese contexto, las empresas que he visto prosperar son las que entendieron que el cumplimiento y la estructura no son un costo, sino parte de su estrategia de crecimiento.
Con todo esto en la balanza, Bad Bunny en el Super Bowl no inauguró la presencia latina en Estados Unidos; la volvió imposible de ignorar. En el ámbito empresarial, esa presencia ya es una realidad consolidada. La pregunta para las compañías de Latinoamérica no es si el mercado estadounidense está listo para recibirlas, más bien si ellas están listas para operar con el estándar que ese mercado premia: orden, cumplimiento, claridad societaria y disciplina operativa. Porque el espectáculo dura 15 minutos, pero construir una empresa y una reputación es un proyecto de largo plazo. (www.leechtishman.com | LinkedIn)




