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La expansión renovable pone a prueba la capacidad de la red eléctrica chilena

  • El crecimiento de la generación solar y eólica y la incorporación de nuevos consumos están aumentando las exigencias sobre la infraestructura eléctrica. Expertos plantean que avanzar en digitalización, automatización y gestión de activos será clave para operar una red más flexible y resiliente.

Chile continúa acelerando la incorporación de energías renovables a su sistema eléctrico. De acuerdo con el Coordinador Eléctrico Nacional, durante 2025 la generación solar y eólica alcanzó cerca del 38% de la energía total inyectada al Sistema Eléctrico Nacional (SEN), su mayor nivel de participación registrado hasta entonces.

Al cierre del año, las energías renovables no convencionales representaban el 53,1% de la capacidad instalada del sistema. Este crecimiento plantea nuevas exigencias para una infraestructura que debe responder simultáneamente a una generación más variable y a una demanda eléctrica en expansión.

Al mismo tiempo, la demanda eléctrica está incorporando nuevos vectores de crecimiento. Las proyecciones del Coordinador Eléctrico Nacional para el período 2025-2045 consideran, entre otros factores, el desarrollo de centros de datos, plantas desaladoras, hidrógeno verde y electromovilidad, todos ellos con potencial para modificar los patrones de consumo y aumentar las exigencias sobre la infraestructura de transmisión y distribución.

MAYOR CAPACIDAD DE MONITOREO, AUTOMATIZACIÓN Y GESTIÓN DE LOS ACTIVOS ELÉCTRICOS

Este escenario está llevando al sistema a requerir no solo nuevas líneas y subestaciones, sino también mayor capacidad de monitoreo, automatización y gestión de los activos eléctricos. La planificación de la infraestructura ya refleja esta necesidad: en septiembre de 2026, la Comisión Nacional de Energía informó un Plan de Expansión de la Transmisión 2025 que contempla 23 obras, con inversiones por US$319 millones, destinadas a aumentar la capacidad, seguridad y resiliencia de la red en distintas zonas del país.

Roberto Lepín, director de Servicios para el Clúster Andino Sur en Schneider Electric.

“Chile ha avanzado de manera significativa en la incorporación de generación renovable, pero el desafío ahora es lograr que la red evolucione al mismo ritmo. La infraestructura debe ser capaz de gestionar un sistema más dinámico, distribuido y variable, donde la digitalización y la capacidad de anticipar condiciones operacionales adquieren un papel cada vez más relevante”, señala Roberto Lepín, director de Servicios para el Clúster Andino Sur en Schneider Electric.

Sin embargo, modernizar las redes no implica únicamente sumar nuevas líneas y subestaciones. También requiere avanzar en tecnologías que permitan conocer en tiempo real el estado de los activos, automatizar procesos, anticipar posibles fallas y optimizar las labores de operación y mantenimiento. En un sistema con una participación creciente de fuentes renovables variables, estas capacidades adquieren especial relevancia para gestionar la infraestructura de manera más eficiente y responder con mayor rapidez ante cambios en las condiciones del sistema.

EVOLUCIÓN HACIA REDES ELÉCTRICAS MÁS INTELIGENTES

En este ámbito, Schneider Electric cuenta con soluciones como EcoStruxure Grid, que integran digitalización, automatización, monitoreo y gestión de activos para apoyar la evolución hacia redes eléctricas más inteligentes. Estas herramientas permiten mejorar la visibilidad sobre la infraestructura, optimizar su desempeño y facilitar la incorporación de nuevas tecnologías y recursos energéticos.

“Digitalizar la red permite pasar de una gestión principalmente reactiva a una operación con mayor capacidad predictiva. Contar con información en tiempo real sobre los activos facilita la toma de decisiones, permite anticipar necesidades de mantenimiento y contribuye a una operación más flexible y resiliente”, agrega Lepín.

La evolución de las redes será, de esta manera, un componente fundamental para que Chile pueda aprovechar plenamente el crecimiento de las energías renovables. El desafío ya no consiste únicamente en incorporar nueva generación, sino en desarrollar una infraestructura capaz de integrar esos recursos, responder a una demanda eléctrica en transformación y mantener la seguridad y confiabilidad del sistema.

 

 

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